sábado, 6 de junio de 2009

Breve conversación...

¿Cuándo aprende uno a afrontar la vida?
Unos momentos antes de morir, supongo...
Menos mal, se aprende.
No lo aseguro.
Así lo quise entender. Vaya consuelo...

miércoles, 29 de abril de 2009

Lo que muere al último...

La ciudad luce enferma como consecuencia del nuevo accesorio de la temporada: los incombinables cubrebocas. Pero lo más estremecedor en ciertas zonas del monstruo, es el fuerte sentimiento de desesperanza en las calles casi vacías y en algunos de los espacios antes atiborrados de gente.

Sin embargo, contra todo pronóstico, contra todo malestar, las risas y la alegría de algunos incautos que sufren el vivir en la metrópoli, nos muestran nuevas formas de afrontar las muy variadas realidades: sonriendo, charlando con el compañero de trabajo mientras tienen su hora de comida, paseando en el Centro Histórico, haciéndo una mofa con singular alegría de los remedios del gobierno para la epidemia -los cubrebocas con diseños innovadores y divertidos hacen gala por doquier-, o simplemente caminando con gallardía en éste gran semillero que es la ciudad para las epidemias y para todo tipo de contingencias.

Reza el dicho de Doña Trini: "La esperanza muere al último...". Pero en la insufrible ciudad de la esperanza es al contrario: lo último que muere es ella, es decir, la ciudad.

sábado, 10 de enero de 2009

Me pregunto...

Me pregunto si sientes nostalgia, si aún me extrañas, cuando pasas por mi antigüa casa y sabes que ya no estoy ahi...

Me contesto: yo si, siento mucha nostalgia por estar ahi. Y sí, te extraño...

domingo, 4 de enero de 2009

Carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos:

Aún recuerdo cuando era niña, vivíamos en un departamento que tenía un patio central, era en el primer piso y teníamos una terraza que daba a dicho patio. Tenía cerca de cinco años, era muy pequeña. Mamá nos ayudó a escribir la carta, después de todo ¿qué podiamos querer, mi hermana y yo, cuando aún no nos contaminaba la mercadotecnia? Amarrámos las cartitas a un globo, yo ni sabia que el mío no tenía helio. Triste mi sorpresa cuando al día siguente, por la mañana, vi la carta con todo y globo en el patio central del edificio. Lloré mucho, estaba inconsolable. Mi hermana trataba de animarme diciendo que me compartiría sus regalos, mamá decía que no me preocupara: "Los reyes siempre saben que traer a los niños buenos...". Así pasaron un par de días hasta el esperado 6 de enero. Tal como mamá había dicho, ustedes, los reyes, supieron lo que yo quería para esos días y me hicieron feliz.

Por eso les escribo, porque se que no me pueden fallar. Para facilitarles las cosas, sólo voy a hacer una lista de las cosas que quiero para éste año 2oo9 que comienza. Tengo tantas cosas que pedir que no quisiera verme encajosa. Pero no puedo dejar de pedirles ésto que me haría sentir llena de alegría.

  1. Quiero que mi familia tenga mucha salud y mucho amor. Quiero que se den cuenta de lo que tienen y que dejen de pensar en lo que no tienen. Dénles, por favor, la visión suficiente.
  2. Quiero realizarme como profesionista, primero sacando mi título: dénme el don de la creatividad por favor.
  3. Quiero que Miguel logré cumplir sus metas, y que tenga un año muy próspero en cuanto a trabajo, profesión, salud y amor. Dénle por favor el don de la decisión.
  4. Quiero alcanzar la culminación de mi amor por Miguel, y para ello espero poder empezar a vivir a su lado. Dénme, por favor, la fuerza suficiente para lograr mi independencia.
  5. Quiero tener más riqueza en cuestiones personales que materiales. Por favor, dénme la capacidad de alejarme del monstruo que es el dinero.
  6. Éste año intentaré aventurarme en un barco por ultramar. Por favor dénme la fuerza para emprender un proyecto de ese tamaño.
  7. Quiero que mis amigos, mis más cercanos amigos, aquellos que justo ahora que leen saben que me refiero a ellos, alcancen todos y cada uno de sus deseos y que nunca dejen de fijarse metas; que nunca pierdan eso que me hace amarlos y estar loca por ellos. Su inteligencia, su ingenio, su paz, su forma de ser, con todo y los errores, de los que hemos aprendido. Les pido con mucha emoción que los doten de todo lo que sea necesario para que cada uno de ellos continúe en su camino y hagan todo lo que se propongan.
  8. Quiero ser una mejor persona, más responsable y constante. Por favor, dótenme de aquellas cualidades y si ya las tengo, por favor, ayúdenme a pulirlas.
  9. También, como no, quiero divertirme, y quiero hacerlo con mi familia y/o con las personas que amo. Dénme la capacidad para relajarme.
  10. Por favor, les pido el don de la paciencia, no sólo para mi, sino para todos los que están incluídos en mis mejores deseos para el 2oo9. Paciencia para comprender que toma tiempo alcanzar algunas metas.
  11. Y más que eso, les pido que a todos nos hagan entender que la vida sucede, que habrá cosas que no podremos alcanzar, pero que eso nunca nos limita a seguir estableciéndonos metas y sueños. Ayúdenos a aprender que somos humanos y que, como tales, vivimos momentos de felicidad así como momentos de tristeza o frustración. Es la vida la que nos hace estar aqui, entre el bien y el mal, entre la tragedia y la comedia.

Sé que mamá tiene razón. Sé que ustedes no me fallarán. Les agradezco que hagan todo lo posible para cumplir lo que quiero en mi cartita y les deseo lo mejor en el regreso a casa.


Miriposa GodiBus.

Animal citadino...


Mi viaje a Cozumel me dejó ciertas ideas respecto a lo que significa vivir en una isla y lo que implica tranformar el medio ambiente para urbanizarlo. Mi amiga Verenice vive en Cozumel desde mayo, y su novio Javier acaba de arribar a la isla para vivir con ella. Les parece bien, ella estudia en la Universidad de Quintana Roo y trabaja dando masajes relajantes. Él aún no tiene trabajo, pero espera encontrar uno muy pronto. Están felices, viviendo en aquella ciudad tan pequeña y bonita. No hay tráfico, no hay caos, ni inseguridad. Todo así, en una isla mediana, con todos los servicios necesarios, sin mayores complicaciones, con playas hermosas y lindas calles.

Sin embargo hay una cosa que me produjo cierto malestar. Estuve en la isla sólo cuatro días. Y a pesar de encontrar la belleza de habitar un lugar así de pequeño, me llené de ansiedad al darme cuenta de que en realidad estaba encerrada entre muros de agua, sin la posibilidad de viajar más de 20 kilómetros o de salir rápido de ahi en el supuesto de que llegara un huracán o un desastre natural de ese tipo.

También pensé en el problema de la basura, de la contaminación que siempre se produce, sin excepción alguna, cuando hay un nivel, al menos bajo, de urbanización. Por otro lado el abastecimiento de agua me parece primordial, y en una isla así representa un problema a largo plazo, como el hundimiento por la estracción de agua del manto freático. Por otro lado, la única actividad económica es el turismo, que la mitad del año es constante y la otra mitad es limitada.


Ciertamente, vivir en una isla en el Caribe mexicano, con una ciudad pequeña y tranquila, te produce esa sensación de paz que difícilmente puedes encontrar en otro lugar. Además, la gente es sencilla, y eso te permite interactuar de manera agradable y sin hostilidades. Tienes una sensación de relajamiento cuando caes en cuenta de que el día rinde más de lo que esperas. Para mí está bien si decido vacacionar, pero no se qué tan viable me resulte vivir ahi.

Pero vivir en la Ciudad de México nos produce ese sentimiento extraño de caos: construcción y destrucción, rehacernos a nosotros mismos dentro del medio en el que vivimos. Podemos dejar de ser quienes somos y ser simples anónimos mientras viajamos en el metro o mientras caminamos por las calles del centro o de cualquier lugar. Podemos también ser los personajes del barrio, esos que son parte de la imagen bien establecida de un lugar, los conocidos por todos.

Y si he de escoger entre vivir en una isla con esas condiciones y una ciudad como el monstruo en el que vivo, preferiría no cambiar de residencia a pesar de que los males sean mayores. Mi costumbre a la Ciudad de México, mi amor por ella, mi desenfreno al querer conocerla toda, pero de veras, toda, me hacen querer seguir habitándola, contaminándola, comiéndomela, haciéndola sufrir hasta la agonía, amándola, todo al mismo tiempo.

La pasé muy bien en Cozumel, me maravilló su mar, sus playas, su gente. Además me encantó visitar a mi amiga, a mis amigos. Nos trataron muy bien, son excelentes anfitriones. Pero definitivamente extrañé mi casa, el smog, el tráfico, la magnitud de mi lugar... Y no lo puedo negar, soy un animal citadino: una mujer de la ciudad.

martes, 11 de noviembre de 2008

Mi tío Yayo y su hilaridad...

Mi tío Yayo, un ejidatario humilde, vive en una cabaña en el Mineral del Chico, Hidalgo. El bosque, el frío, la lluvia, las labores de la granja, su vida o no se qué, lo han convertido en una persona increíblemente amable y divertida. Siempre que vamos a visitarlo nos atiende muy bien, nos hace sentir en nuestro hogar y eso siempre nos impide comenzar el viaje de regreso a la ciudad.

Recuerdo la ocasión en que lo conocí. No se puede decir que es mi tío natural, no es de mi familia, es más, ni siquiera tengo toda la vida conociéndolo. En realidad es tío de una de mis mejores amigas, Esperanza, quien me lo presentó, igual que a tan maravilloso lugar, por ahi del año 2000.

Llegamos un día lluvioso, y cómo siempre, Yayo nos recibió con un delicioso pulque. Esperanza y yo habíamos comprado antes algo para beber, no recuerdo si fueron cervezas o anís (por aquello del frío), pero pasadas las horas estábamos varios amigos y yo chocando los vasos con él alrededor de una fogata. Era la primera vez que yo visitaba aquellos lares y mi tío me hablaba como si nos conociéramos de toda la vida, además él es muy divertido y nadie paraba de reir con sus frases hilarantes.

Yayo me parecía un sobrenombre tan peculiar y raro que le pregunté que significaba: "Me llamo Hilario, por eso me dicen así...". Reparé en el peso de su nombre. No es precisamente que tenga su origen en aquella palabra -o tal vez si-, pero me pareció tan similar a hilarante que pensé que era la primera vez que conocía a alguien con el nombre adecuado.

Así que en honor a Yayo: hilaritas...

Hogar, dulce hogar...

Me gustan las visitas en casa, esas visitas inesperadas y agradables, las de los buenos amigos, las de los conocidos, las de la familia. Me gusta ser sorprendida con una amable visita. Me gusta preparar, en ese momento, algo para quien viene: una rica infusión, un café de grano, un vaso de agua, lo que quiera el visitante. Me gusta ser servicial para que quienes lleguen a mi hogar se sientan tan gustosos que quieran regresar. Me gustan los detalles para la gente y para mí.

Así que éste blog es algo similar. Tú me visitas, lees las infusiones de letras que he preparado, te soy servicial con mis palabras y te regalo detalles con mis escritos. Tal vez logres hacerlos tuyos.

Por favor, siéntete en tu casa y disfruta la visita.